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Padre José Luis: “Predico a Cristo vivo, ese que descubrí siendo niño”

Su nombre es José Luis Aguilar, La Banda lo vio crecer y formarse como un hombre de Dios. En la actualidad se ha convertido en un ministro de la predicación itinerante de la Renovación Carismática Católica y su labor lo hace recorrer el mundo.

El padre José Luis Aguilar contó su experiencia de llevar la Palabra de Dios en todo el mundo. (Foto La Banda Diario).

Desde hace tres años, un bandeño recorre toda Latinoamérica llevando la Buena Nueva de Dios. En poco tiempo se ha convertido, aunque a él no le gusta que lo digan, en uno de los líderes de la Renovación Carismática de América Latina. Se crió en La Banda, pero quiso Dios que fuera “un pescador de hombres”. Su nombre es José Luis Aguilar, para millones de personas el Padre José Luis.

En una nota extensa concedida a La Banda Diario, el sacerdote nos cuenta desde cuándo nació su vocación religiosa pasando por su experiencia de predicar ante 13 mil jóvenes en Panamá.

LBD: ¿Cuándo surge su vocación sacerdotal?

Siendo muy chico,  mis papás cuentan que a los 5 años jugaba a celebrar la misa, me colocaba un ponchito y utilizaba un trofeo de mi abuelo como el cáliz. A los 11 años, conozco la Renovación Carismática en la parroquia de La Salette y descubro una manera de vivir la fe, compartía con muchos jóvenes el trabajo en misiones rurales, era otra manera de comprender la fe y comprometerse con Cristo.

Fui creciendo y madurando y en una oportunidad el padre Santiago Lobo me dijo, ‘mira José Luis yo creo que haces esto con mucha alegría, no te gustaría dedicarte siempre a estas cosas’. Pensé entonces, ¿por qué no? Si me sentía feliz predicando el evangelio y trabajando para la iglesia.

LBD: ¿Por qué cree que hoy no hay jóvenes que busquen servir a Dios?

Creo que los jóvenes de hoy no tienen quien les pregunte o quien les proponga un nuevo modo de vida. Los sacerdotes debemos tener un estilo de vida contagiante, que los entusiasme para que sientan deseos de consagrarse a la iglesia completamente.

Sé que muchos jóvenes dedican tiempo al Señor y gracias a Dios en la iglesia hay una fuerza novel y renovadora, pero faltan jóvenes que dediquen el 100% de si mismo, de sus capacidades y proyectos de vida a la iglesia.

LBD: Retomando su experiencia personal, luego de su consagración como párroco ¿cómo surge la posibilidad de viajar a Buenos Aires y en qué momento toma un nuevo rumbo su vocación?

Uno va descubriendo que Dios es quien escribe la historia sobre nuestras vidas, no como un titiritero que todo lo destina, sino como un Dios que te suscita, que te propone  y te allana caminos para que seas feliz. En el Evangelio de San Juan te lo dice de una manera muy clara: “Yo te guío para que tengas vida en abundancia”. Es decir, él es el primer interesado en que seas feliz.

Dios, a través de su iglesia, fue abriendo caminos para que yo vaya descubriendo, dentro de la consagración sacerdotal cuál es mi camino específico.

Me acuerdo que en un encuentro con el Cardenal Bergoglio sentí una gran alegría cuando me dijo que él percibía en la gente una gran satisfacción de escucharme predicar; entonces tuve la oportunidad de decirle que quería dedicar el 100% de mi tiempo a la predicación y como buen padre comenzó a instrumentar las posibilidades para que yo pudiera hacerlo.

Desde entonces me dedico a visitar a diferentes comunidades (sin límites) a fin de evangelizar y predicar sobre un Cristo vivo, ese que la renovación Carismática me hizo descubrir cuando era un niño.

LBD: ¿Alguna vez pensó que podría llegar a predicar ante 13.000 jóvenes como lo hizo en Panamá?

No, uno siempre se imagina poca cosa, aquel que va descubriendo que Dios tiene un proyecto con uno se da cuenta de que siempre te va a sorprender y te va a llamar a más.

En estos tres años que vengo dedicándome exclusivamente a la predicación  viví situaciones que no me dejan de asombrar.

En enero de 2009 me tocó predicar ante 13.000 jóvenes en Panamá, fue tremendo, era un estadio de básquet repleto de jóvenes que llegaron de distintas provincias, y países vecinos, sedientos de oír la palabra de Dios.

En octubre de 2008 me tocó predicar en el Retiro Nacional de Sacerdotes de Chile y yo pensé: ‘Con 33 años me toca pararme frente a gente de gran experiencia para hablarles de la mía, animándolos a vivir su consagración plenamente. Yo dije no puede ser”.

Hoy miro el año en perspectiva y digo Dios tendrá cosas maravillosas y deseo dejar que la agenda me la complete la propia gente.

LBD: Alguien dijo que en la actualidad se ha convertido en un líder de la Renovación Carismática ¿Lo siente así?

No  creo; soy un tipo que tuvo la posibilidad poder consagrarme dentro de esta espiritualidad y la iglesia está tan necesitada de un mensaje vivo que te genera espacios y posibilidades, pero no es más que eso.

Para muchos que añoran lo que fue la Renovación Carismática es como un resucitar de la espiritualidad carismática. Tiene que ver con el hecho de ser  la sangre joven que supo mamar la espiritualidad y se anima a vivirla y compartirla.

LBD: ¿Ha tomado algunas cosas de Betancourt, ya que algunos hasta se animan a compararlo con él?

Es mucho decir eso, el padre Darío Betancourt es un hombre muy ungido su nombre ya habla de la acción de Dios. Si el Señor quiere hacer eso con mi vida, estoy dispuesto a aceptarlo con todos los signos de bendición y de cruz que significa ello.

Me imagino que la vida de Betancourt  ha sido marcada por la cruz, porque no solamente ha sido reunir multitudes,  expresar predicaciones y ser testigo de la gente que sanaba a través de milagros que el Señor sigue realizando, sino que también es un hombre marcado por una vida sufrida.

Cuando uno habla de nombres como Betancourt descubre que aún hay mucho por andar. No aspiro a ser como él, lo observo, lo admiro y descubro cuanto más tengo por crecer.

LBD: ¿Cuál es la mayor enfermedad del cristiano?

Más pasa por las enfermedades interiores, ansiedades, fobias, tristezas, depresión, el pánico, son ese tipo de patologías que luego repercuten en una cuestión somática casos de cáncer, gastritis, úlceras…. Todas son el resultado de una necesidad interior, puede haber otras causas por supuesto, pero la mayoría se da por esto.

Yo soy testigo del poder de Dios, en varias oportunidades he visto personas que se han sanado luego de hacer todo un camino de crecimiento interior y de descubrir situaciones que realmente los estaban dañando.

Me ha tocado escuchar pedidos de auxilio de la gente o que me pidan una imposición de manos, pero hay que tener cuidado con esto porque puede pensar que es uno el que sana y piensa rápidamente en los curas sanadores y eso no tiene nada que ver.

LBD: ¿Existen los curas sanadores?

No existen los curas sanadores, existen hombres que Dios usa para que lleven un mensaje de esperanza, o para que desafíen a la vida espiritual y cuando una persona se acerca a Jesús esas situaciones ocurren, se sana, se libera.

Al contactarse con Dios la persona es bendecida  y comienza una transformación y vida nueva, pero sólo es el resultado de ese encuentro. El encuentro con el Sanador es el que transforma la vida.

LBD: Cuéntenos algún ejemplo que le haya tocado vivir…

E n Cartajena (Colombia) una mujer se me acercó llorando y me contó que estaba desesperada porque el médico le dijo que se iba a morir ya que su corazón estaba débil. Le pedí que escuchara la predicación, que ore y coloque la situación en las manos del Señor. Me puse a predicar sobre el Poder de la Alabanza y pedí que se despojen de los problemas y comiencen a alabar a Dios.

En la pausa la mujer me reitera el pedido sin haber oído lo dicho en la predica. Me di cuenta que lamentablemente la gente buscaba la espectacularidad, que uno le imponga las manos y en lo posible que provoque su caída al suelo, cuando en realidad nuestro Dios es sencillo.

Le dije entonces, alabe a Dios no tiene porque poner su esperanza en mi, comience a confiar en el Señor y a depositar su vida en él para lograr un cambio en su vida. Retomamos la predicación y volví a lo mismo porque me daba cuenta que la gente estaba tan centrada en su problema que no le daba espacio al Señor para actuar.

A la semana siguiente, en otro evento, se presenta la mujer y da testimonio.

Padre –me dijo- usted me retó y me ordenó que le rece a Jesús y a pesar de que yo no creía porque estaba muy centrada en mi problema decidí abandonarme en las manos de Dios; fue entonces cuando sentí un ardor en el pecho y me di cuenta que me estaba curando.

Su esposo, médico cardiólogo, dio fe de lo que ella contaba y mostró dos estudios médicos, un antes y un después, porque ahora ella estaba curada.

LBD: Entonces, ¿Por qué la gente busca refugio en los sacerdotes o predicadores en vez de buscarla en Jesús?

Seguramente porque hay sacerdotes que tienen una mayor capacidad para que la gente se abra a la fe y cuando una persona decide creer pasan cosas maravillosas.

Cuando la predicación es monótona, no te dice nada ni te ni moviliza, no ayuda. Por ello, las asambleas carismáticas buscan que la gente se vaya en forma distinta gracias a los cantos, las oraciones o los gestos de amor y allí está la diferencia.

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