
La Trinidad Santa nos amó hasta el extremo y nos hizo el regalo más grande que nadie pudo imaginar jamás.
El Padre Dios escondió en el seno de Santa María Virgen su Verbo eterno. Era el regalo de sus bodas con la humanidad.
Nadie pudo imaginar que la pequeña israelita de Nazaret llevara en sus entrañas a un ser pequeñito que iba creciendo y se iba desarrollando como cualquier otro mortal.
A pocos centímetros del corazón de María, el Verbo iba formando su pequeño corazón con el que amaría infinitamente a los hombres.
Maravilloso misterio. Dios con corazón de hombre y un hombre con la caridad de Dios.
El Evangelio de Juan, en uno de los versículos más conocidos, nos dirá que tanto amó Dios al mundo que le regaló a su Hijo único.
Desde entonces la humanidad aprendió a hacer regalos también.
Como no podemos regalarle a Dios porque Él tiene todo, hacemos una pequeña trampa, propia de niños pequeños, sacamos de los bolsillos de Dios (aunque sabemos que Dios no tiene bolsillos) regalos para los hombres.
Por suerte hemos aprendido que los regalos hechos a los pequeñuelos de este mundo (pequeñuelos que pueden tener muchos años) Dios los toma como regalo para Él.
Sin embargo, en la historia de los hombres, encontramos cosas muy extrañas, cuando llegan las fiestas de Navidad tan esperadas por todos.
Hay árboles de Navidad, forrados de verde y llenos de tiras doradas y plateadas. De ellos cuelgan multitud de regalos.
Pero hay una cosa más extraña todavía, nadie se detiene a descolgar en la noche esas cajitas forradas y llevárselas a escondidas a su casa. Todos saben que las cajas están vacías.
Esto que es algo puramente externo, refleja una dolorosa Navidad.
Una gran parte de los seres humanos ha vaciado de Dios los corazones y ahora los regalos están huecos.
No se regala ni a Dios ni por Dios.
Se ignora calculadamente que lo que se celebra es el nacimiento del Emmanuel, del Dios con nosotros, del regalo de Dios Padre.
En el fondo, interesa muy poco ese tipo de regalo y sólo el egoísmo, la emulación o envidia y otros ¿valores humanos? mueven a regalar según la capacidad económica de cada uno.
Yo he visto, sin embargo, otros arbolitos pequeños y sin pretensiones.
De ellos cuelgan pequeños obsequios que van a compartir, después de su rato de oración y reflexión entre el tufillo del chocolate y olorosos dulces, los amigos que van a hacer el interesante cambio de regalos.
Esos regalitos serán pobres, pero son hermosos. Serán sencillos, pero no huecos. Están hechos con amor.
En este mundo que quiere desacralizarlo todo, es preciso que nosotros marquemos signos más concretos de fe a lo largo de la vida, pero sobre todo, en los días de Navidad.
El quitar los signos externos indica falta de profundidad en la fe y vacío en el amor.
Navidad, que no tiene signos claros de Jesucristo, es una Navidad sin sentido y sin esperanza.
Este año cuando veas los árboles de Navidad con tantas luces de colores, procura recordar que todo eso tiene la raíz cristiana del regalo de Dios a la humanidad.
Si para otros la Navidad ha quedado como un despilfarro para demostrar las posibilidades económicas, que para ti y los tuyos sea tiempo de reflexión.
Te invito para que en la Noche Buena, después de haber participado en la Santa Misa (que se llamaba de “Gallo”, porque era a la media noche) reúnete con tu familia en la casa, coloca a Jesús en el centro del pequeño Belén. Reza, canta con los tuyos, lean el Evangelio de San Lucas que cuenta el nacimiento de Jesús, los cantos de los ángeles y el correr sencillo de los pastorcitos hacia Belén.
Y después, en la medida que puedes, pero siempre con mucho amor, saca también los pequeños regalos para los demás, especialmente para los niños que tienen más capacidad de admiración, y diles con toda la sencillez con que pueden hacerlo los padres: estos regalos son para Jesús pero como Él ya no los necesita porque está en el cielo y es el dueño de todo, se los regalamos a Ustedes.
De esta manera, Jesús en el cielo, estará contento al vernos felices en la tierra celebrando su cumpleaños.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo





Es muy buena esta reflexion de los regalos. Te felicito y que Dios, la Virgen de Guadalupe, Jesús y el Espíritu Santo te bendigan.
Gracias Fernando. Bendiciones para ti y tu familia.