
Muchas veces los había oído pero no sabía qué hacían para que se oyeran tan cerca.
Era siempre en la casa de retiro de La Planicie donde cada año tenemos el de Evangelización Siempre.
Este ha sido el retiro XXI y puedo decir que al final los descubrí.
En el corredor de nuestras habitaciones que da al aire y al sol, se acerca uno de estos pájaros que llaman “negros”. Seguro que los conocen y saben que estas aves más que trinar “cuatrinan”, si se me permite la palabra. Porque la verdad es que parece imposible que de ese cuerpo no tan grande, salga tanto ruido.
Salí de mi habitación y me fui acercando. Lo vi colocado encima del estrecho alfeizar de la ventana grande. Llenó los pulmones, se agitaba como un gimnasta y cantaba sin importarle, ni poco ni mucho, que yo lo estuviera mirando. Parecía un enamorado.
Cuando terminó su feliz operación se fue volando.
Pienso que el pajarito se siente feliz reflejado en el cristal y que se canta a sí mismo o al otro pájaro que se imagina al otro lado de la ventana.
Canta, canta y se va satisfecho.
Posiblemente cree que el del otro lado espera su regreso y por eso frecuentemente vuelve para cantarle.
No sé por qué la imaginación se me fue a muchos de los hombres de hoy.
Se creen los dueños del mundo porque la sociedad, más o menos convencida de que debe hacerlo, les ha regalado unos votos. Ha puesto en sus manos el gobierno de sus países y confía que los nuevos “dueños” lo mejorarán todo.
Ellos comienzan a dar sus propias leyes, sin importarles las que había, porque están dispuestos a cambiarlas pensando que son “obsoletas” y que no sirven para la “mentalidad moderna”.
No les interesan ni las que el Señor puso en el corazón, incluso en el de los no creyentes, ni las que ha mandado Dios a los que creen.
Tampoco les parecen buenas las tradiciones ni las leyes que dieron los gobernantes anteriores.
Se ven a sí mismos como mi pájaro en el espejo y se aplauden unos a otros.
Y generalmente, al más atrevido le aplauden con mayor fervor y, con esto, él se anima a hacer leyes menos humanas, es decir, más inhumanas y más originales.
Llenan la escena del mundo, salen en todos los periódicos. Se creen los únicos salvadores. Por supuesto, más que Dios, a quien destierran de la escena del mundo porque para ellos Dios no hace falta.
Terminan su período de gobierno y se van satisfechos. Creen que han hecho un mundo nuevo a su gusto, a su imagen y a su semejanza.
Y se van… “que es lo más importante que hacen en toda su vida”.
Al poco tiempo, en el espejo en que se miraron, queda lo mismo que cuando se escapó el pájaro de mi ventana: ¡nada!
El mundo sigue más o menos como antes. Y vuelven otros “pájaros” con criterios más humanos. Digamos más aptos para conseguir la felicidad de los hombres.
Por otra parte, ese Dios que marginaron y que dijeron que no existía o que era fruto de inteligencias ignorantes y supersticiosas… ese Dios, sigue creando y sigue amando: ¡lo mismo que hace millones de años!, porque Dios no sabe más que amar.
Y de aquellos “pájaros descarados” que pretendieron cambiar la historia, no queda ni una foto ni un recuerdo ni un agradecimiento. Los mismos que los encumbraron los borraron de la historia.
Aunque algunos piensen que pueden cambiar el curso de la historia humana, nunca lo conseguirán.
Porque por suerte y gracias a las maravillas que creó Dios, y la más grande de todas que es el hombre, la humanidad es la verdadera “ave fénix”, que vuelve siempre a surgir de las cenizas.
Dios nos ha hecho de tal forma que cada hombre que viene a la tierra viene nuevo, ilusionado y dispuesto a llenar este mundo de esperanzas.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo




