
“Gracias por el alegre testimonio que ofrecéis a Cristo, el eternamente joven y por la solicitud manifestada a su pobre vicario…Cristo es el “eternamente joven” y es por tanto el mejor guía para los chicos y chicas de nuestro tiempo”.
Estas palabras de Benedicto XVI a los jóvenes en Lisboa se me han venido a la mente al leer lo manifestado por el Papa, después de ver la proyección del film: “Cinco años del Papa Benedicto XVI” de la Bayerischer Rundfunk.
Esto sucedió el día 29 de julio en la Sala de los Suizos del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.
A cualquiera se le ocurre que con tantos años de edad, tantos problemas y tantas situaciones difíciles, Benedicto XVI podría ser pesimista. Pero no es así.
Te invito a leer el breve mensaje que pronunció al terminar la proyección:
“En este momento sólo puedo decir gracias a la Radio Bávara por este viaje espiritual extraordinario, que nos ha permitido revivir y volver a ver momentos determinantes y culminantes de estos cinco años de mi servicio petrino y de la propia vida de la Iglesia misma.
Ha sido para mi personalmente muy conmovedor ver algunos momentos, sobre todo ese en el que el Señor impuso sobre mis espaldas el servicio petrino. Un peso que nadie podría llevar por sí mismo solo con sus fuerzas, sino que se puede llevar solo porque el Señor lo lleva y me lleva. Hemos visto en esta película, me parece, la riqueza de la vida de la Iglesia, la multiplicidad de las culturas, de los carismas, de los diversos dones que viven en la Iglesia y cómo en esta multiplicidad y gran diversidad vive siempre la misma, única Iglesia. Y el primado petrino tiene esta misión de hacer visible y concreta la unidad, en la multiplicidad histórica, concreta, en la unidad de presente, pasado, futuro y de la eternidad.
Hemos visto que la Iglesia también hoy, aunque sufra tanto, como sabemos, con todo es una Iglesia gozosa, no es una Iglesia envejecida, sino que hemos visto que la Iglesia es joven y que la fe crea alegría. Por ello he encontrado muy interesante, una bonita idea, la de insertar todo en el marco de la novena sinfonía de Beethoven, del “Himno de la alegría”, que expresa cómo detrás de toda la historia está la alegría de la redención. He encontrado también hermoso que el film termina con la visita a la Madre de Dios, que nos enseña la humildad, la obediencia y la alegría de que Dios está con nosotros”.
La conclusión que saca el Papa no es ni mucho menos que la Iglesia se haya aviejado con los problemas o tensiones, sino que en el fondo (y así ha sido en realidad) la Iglesia, en estos momentos, se ha visto purificada por los que han querido destruirla, mientras que las otras instituciones siguen cargadas y aún orgullosas de sus propios pecados.
Sabemos que Benedicto XVI, desde que comenzó su pontificado, nos ha hablado continuamente de la alegría, seguramente porque quien produce la alegría auténtica es siempre el Espíritu Santo.
Posiblemente porque los productores conocían esto, han incluido el Himno de la alegría de Beethoven como un eco de tantos recuerdos agridulces, pero siempre en proyección de eternidad.
La Iglesia sigue siendo joven porque se purifica y se renueva continuamente y la fe crea la alegría dentro de ella, cuando tantas personas viven amargadas por sus propias debilidades.
Todo esto me ha recordado las palabras del autor de la carta a los Hebreos: “Jesucristo ayer, hoy y siempre es el mismo por los siglos”.
Él es quien rejuvenece el corazón de nuestro Pontífice y le permite ser el “más optimista de todos los cristianos”.
Esta juventud eterna de Jesucristo es la misma que nos dejó como mensaje el Concilio Vaticano II:
“La Iglesia, durante cuatro años, ha trabajado para rejuvenecer su rostro, para responder mejor a los designios de su Fundador, el gran Viviente, Cristo, eternamente joven.
Al final de esta impresionante “reforma de vida”, se vuelve a vosotros. Es para vosotros los jóvenes, sobre todo para vosotros, por lo que la Iglesia acaba de alumbrar en su concilio una luz, luz que alumbrará el porvenir”.
Esta luz de Cristo sigue rejuveneciendo a nuestro querido Papa y a todos y cada uno de los que, impulsados por el Espíritu Santo, siguen las huellas de Jesucristo.
En efecto, según el mismo Concilio, el Espíritu Santo “con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo”.
José Ignacio Alemany Grau, Obispo




